Trato de escribir 1 vez a la semana de ningun tema especificamente. Muchas veces escribo poesia, otras veces antologias, otras veces resenias historicas.
sábado, 26 de junio de 2010
jueves, 24 de junio de 2010
Alma mía
En el claustro me lamento de lo vivido, el infierno me jala y el cielo es un simple recuerdo de los días de vida condenada, en un momento la vida se precipita como un rayo y me cuelgo en una soga que hambre tiene de verme sumergido en el caldo de miles de almas, las cuales me observan y gritando de dolor me recuerdan todo lo que pude haber hecho en vida y lo que aun puedo hacer, no todo está perdido ya que me sumergí en recuerdos y en ellos he vivido y he sufrido, todo fue pena, dolor, rabia y comprendí poco a poco que la vida es solo una campaña de perdidas en la que el que gana es el que aprende de lo perdido.
Añoro los días de sufrimiento, ya que eran momentos en los que podía surgir con la luz de una simple sonrisa o una mirada amorosa de mi madre (que viéndome sufrir me dejo solo para aprender a vivir), poco a poco solo aprendí a ocultarme de la sociedad y a estrujar mi corazón. Ahora no hay vuelta atrás, “lo hecho al olvido y a lamentar lo vivido” de esa manera seguiré viviendo miles de años solo en “pude haber hecho” y no en “hice”, este pensamiento hizo un puente entre mi alma y yo, mi alma me decía: ¡Lucha, puedes subir la cuerda hacia el cielo!, pero mi mente le decía: no hay lugar atrás, mi vida nunca tuvo sentido y no luchare mas, solo me arrogare triste a sufrir en ese mar, donde siento que todo tuvo que empezar, fui un pobre diablo y así me quedare toda la eternidad.
Mi alma trato de animarme pero ya me había decidido: A ese mar de penas me voy a aventar. De repente siento que me observa una fuerza sobrenatural, la soga empieza a subir y subo la mirada, en el cielo me aplaude un coro de ángeles cantando salmos, y en un lugar palpita mi nombre, en un santiamén todas mis penas se convirtieron en felicidad, y me di cuenta que todo lo que deduje aclaro mi camino hacia la felicidad, me aferre a la cuerda y subí al cielo a adorar.
Desperté con el simple suspiro de siempre, el suspiro de un día gris mas, cambiarme para estudiar y volver en la noche para ver a mi madre descansar, pero recordé entonces de lo vivido y que ese suspiro era algo más. Abrasé a mi madre y la volví a besar, desde ese día solo hago monólogos con mi alma, nunca me contesta y siento que perdió libertad.
Hay tantas cosas que me quedan por contar, solo sueño en volver a soñar con ella y de su prisión sacarla a pasear.