sábado, 2 de abril de 2011

Yo solo quiero salir de aqui.

- Central emergencia, necesitamos una ambulancia! –escuchaba que decía el doctor mientras destapaban mis heridas. Yo no podía moverme, escuchaba que decían que moría. Rato después sentía como trataban de perturbar mi herida metiendo instrumentos raros en una perforación de mi cuerpo para sacar la bala y parte de los perdigones. Yo lloraba y gritaba de dolor. No se si las lágrimas cayeron de mis ojos, pero yo solo repetía en mi mente: Dios, no dejes que muera.

- Creo que va a morir, escuche mientras mi piel de terciopelo se congelaba con un humor vacio. El dolor en poco tiempo se disipo; ya no sentía mi cuerpo pero sabia que mis piernas, que mis manos estaban ahí. Este frio era vacio, mis venas sin sangre eran torrente de muerte. Yo vivía; escuchaba a los doctores gritando para que no me vaya. El único consuelo que tenía eran historias de amor, de sufrimiento, decisiones, pérdidas; una historia en un segundo; un último adiós a mis recuerdos y un último beso a mi amada. Todo era vaticinio de sufrimiento, sufrimiento si no sobreviviera.

No quiero que este sea mi último recuerdo, una vida entera; quiero irme de una vez, quiero. Dios! Nunca he creído en ti, si existes, ten compasión por mí. Sabes que nunca he hecho nada malo, que mis hijos no se merecen esto. Que soy joven y mi vida es apreciada por muchos. Dios! No dejes sufrir a los que me aman.

Mi cuerpo entumecido, dolor descontrolado. Un último esfuerzo, mi último suspiro AH! –grite mientras mi cuerpo desvanecía cada vez mas y mas en el calido y dulce sabor a muerte, que me llamaba cual sirena a un marino perdido o navegante de aguas desoconocidas. Lo hice! Sabrán que estoy vivo. Al escuchar mi grito no escuchaba nada diferente, pero aquí estoy! No me dejen morir! Si no me van a salvar mátenme! Era obvio que un grito nunca existió o que el grito fue mental y de por si sin importancia, solo gasto de mi mente en algo innecesario. Cuanto tiempo mas podre pensar con la cantidad de oxigeno que recibe mi cerebro? Espero que mucho mas.

La ambulancia llego tarde pero llego; escuchaba sus sirenas reventando mis tímpanos. Déjenme el oído por lo menos, pensé. Si mi mente es eterna me gustaría tener el oído, eventualmente me cerrarían los ojos (los cuales no puedo mover pero veo diferentes lugares con el movimiento que hacen en mi cabeza cuando tratan de resucitarme.)

-Este hombre esta vivo! – Dijo el doctor y me toco el hombro con la mano. Todo va a estar bien Carlos Llosa.

En ese momento mi cuerpo reventó de alegría, no confort, ya que mi cuerpo se iba de mi mente y solo existía un pensamiento inservible, pero de alegría porque tenia una esperanza. Sentía que el universo había desaparecido para mí, que ahora vivía solo en el aire. Podía ver, mis ojos estaban adversos y escuchaba todo lo que me decían a pesar que podía expresarme. Pero a la vez sabía que el doctor mentía; todo lo que me había dicho era mentira, estaba muerto y de eso estaba casi seguro. Muchos doctores les hablan a los muertos o inconscientes positivamente (sabían que mucha gente pueden escuchar cosas mientras duermen, están en estado vegetal o inconscientes) pero no se imaginan que la mente no muere, solo hay que pensarlo, lo que pensamos es muy infinito para que desaparezca si dejamos de tomar aire. Probablemente las grandes mentes como las de Sócrates o la Nietzsche están ahí, en el aire, compartiendo espacio con los 15 Dalai Lamas; dicen que nada supera 1000 años de filosofía, pero mil años de filosofía son superados con filósofos inmortales.

Esto no puede ser posible - Dijo el doctor, mientras los otros doctores discrepaban, “Ya murió” decían. Yo estaba muerto, incluso si llegaba a tiempo al hospital mi cuerpo estaría insípido. El electrocardiograma tenía un sonido firme, continuo y penoso; mi corazón había dejado de latir pero seguía pensando. Estoy muerto! Que hago atrapado en esta prisión? No tengo que ir a un cielo o a un infierno? No tengo que formar parte de un mundo de alma o simplemente desaparecer? No puedo fingir que estoy muerto, deja que este sueño termine, tu, el que me hizo esto.

Dios no existe –finalmente me puse de acuerdo con Nietzsche.

Escuche el sonido de energía recargándose y un fuerte shock eléctrico. Sabía que impactaría con mi cuerpo (el cual no sentía) y un instante después estaba en mi cara. Mis ojos mojados hicieron que pierda la vista por cinco segundos . Fueron 3 impactos dolorosos (aunque no los sentía,) veía como mi cabeza se movía en cadáver inanimado. Impacto, 3 shocks, muerte inminente.

Lo siguiente era inevitable. De los últimos 2 sentidos que me quedaban uno iba a desaparecer –no por una deficiencia, sino por una regla de los vivos hacia los muertos; una regla, que creo yo, no tiene sentido. El doctor levanto su mano, yo estaba nervioso, puso la yema de sus dedos en mis parpados y con un suspiro de pena o tristeza los cerro. Eso era todo, mi último recuerdo visual (que esperaba yo que no sea eterno) fue una temblorosa mano callosa, probablemente una del amigo que me dio esperanza, o la de un mala suerte que vaticinio mi muerte.

Carlos Llosa murió un 27 de octubre a las 11.58 –escuchaba que decían los doctores mientras escuchaba como los doctores levantaban algo, estaba casi seguro que era mi cadáver y una bolsa, con un sierre que se cerraba. Una vez que se cerró el cierre, todos los sonidos se tornaron más despacio. El tiempo sin sonido pasaba muy rápido, incluso creo que había dormido, pero levante muerto y consiente.

Mi mente era un cáliz de dolor, estaba moralmente destruido y metido dentro de una bolsa de plástico rumbo a la morgue; no podía suicidarme, no podía acabar con mi sufrimiento. Lo demás no necesito contar, pase por los procedimientos habituales y escuche cada uno de las causas de muerte que me asignaban (mayormente científicas y sin sentido para mi.) Después de 2 días estaba dentro de un cajón, en un velorio en contra de mis preferencias –yo siempre quise ser cremado y que mis cenizas sean puestas en la maseta de un Sequoia, de tal manera que mis cenizas ayudarían a crecer una vida, un árbol casi inmortal y sin importancia para su muerte (ya habrían pasado muchas generaciones ya que las Sequoias pueden llegar a vivir 2200 anios,) pero fue mi culpa porque no hice un testamento; estaba loco si hacia un testamento, tenia 29 anios cuando mori –digo mori porque estoy muerto.

Escuchaba como todo el mundo se acercaba con llantos, escuchaba a mi mujer que nunca la había escuchado llorar como fondo del panteón. Los niños seguro no saben que ha pasado, no quiero que lo sepan. Así pasaron las horas, cada persona que conocía la reconocia por sus llantos y no por su voz o cara. Esperaba que el tiempo me de algúna esperanza, quería que este momento termine para siempre y que nunca mas vuelva a escuchar llantos. Donde se guardaría mi mente?

Escuche como mi cajón bajaba poco a poco hasta que llegue a un lugar de repente plano y frio, pero de por si silencioso. Ahí yací hasta hoy, no se cuanto tiempo después ni se que tan viejo soy. De repente la humanidad se ha superado a si misma, de repente no hay mas humanidad. De repente han pasado 20 minutos o 20 siglos, pero yo ya quiero salir de aquí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario